Respuesta al artículo de publicado por la revista Semana, edición 1833 titulado: “Pesadilla Sobre Ruedas”

 

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Articulo Revista Semana edición 1833 de 2017 2

Señores Revista Semana, leyendo y analizando su artículo titulado “Pesadilla Sobre Ruedas”, publicado en la edición 1833 (de 18 al 25 de junio de 2017), el cual es un collage de opiniones sin mayor profundidad y en el que se trata a los motociclistas de la peor manera, culpándonos de todos los males que aquejan a las ciudades de hoy en día, además desconociendo la verdadera problemática que hay de fondo; nos permitimos hacerles las siguientes aclaraciones, sobre temas en los cuales no estamos de acuerdo:

Los motociclistas no somos como los dípteros, a los cuales ustedes hacen referencia: En primer lugar porque, como salta la vista, somos dos especies diferentes. En segundo lugar, hasta donde tenemos entendido, Colombia es un país en el cual el libre comercio está permitido y el sector del motociclismo, es un gran motor de la economía formal e informal. Las empresas ensambladoras ofrecieron de manera directa empleo a unas 7.303 personas en 2016, 29.000 incluyendo la industria de proveedores y unas 70.000 al sumar el comercio, centros de servicio, talleres, importadores y negocios relacionados; además se destaca el compromiso empresarial, trabajando conjuntamente con las autoridades para lograr un desarrollo sostenible y una mejor movilidad.

En este punto ustedes hacen énfasis en la gran proliferación de motocicletas en Colombia en los últimos 11 años, sin embargo, les faltó analizar cuáles son las causas y motivaciones para que las personas, especialmente de estratos 1, 2 y 3, estén optando por una motocicleta como medio de movilidad personal y familiar. Aquí una de las respuestas está en la ineficiencia de los sistemas de transporte público masivo, y el alto costo de sus pasajes. Un servicio público prestado por entidades mixtas, donde la partición del sector privado es bien importante… como bien lo sabemos todos. En una sociedad industrial como la nuestra, las personas trabajan y sueñan con tener sus bienes muebles e inmuebles, comprar una casa, tener su propio vehículo, en este caso particular, una motocicleta le permite a un trabajador promedio desplazarse directamente desde su hogar hasta el lugar de trabajo, sin estar supeditado a las rutas de un abarrotado servicio de transporte público masivo (colectivos, busetas, buses, sistemas articulados, etc, dependiendo de la población), sin hablar de la falta de horarios fijos en las rutas; es toda una lotería saber a qué horas pasa el servicio que les sirve; en muchas ocasiones deben abordar hasta dos buses diferentes para llegar hasta el trabajo. Si a esto le sumamos los costos de transporte de su conyuge, la cifra es bastante alta al final del mes, hagan las cuentas. Pero con ese mismo dinero pueden pagar la cuota mensual de una motocicleta, ponerle la gasolina y aún les queda algo de efectivo. Además el ahorro en el tiempo de movilidad es un asunto de calidad de vida. Es por esto que las ciudades con mayor número de motocicletas registradas, como ustedes bien lo registran, son las que mayores problemas de movilidad tienen y donde el servicio de transporte masivo no da abasto para mover la población.

Claro que se ven más motos en las vías y también más vehículos (si bien los carros particulares son solo el 20% del parque automotor, los vemos ocupando el 80% de las vías y en muchos casos solo va su conductor). En el mismo sentido debemos tener en cuenta que en 2006 la población de Colombia era de poco más de 43 millones de personas y en 2017 ya está superando los 49 millones de habitantes; pero en la gran mayoría de municipios, las vías siguen siendo las mismas desde hace muchos años. Lo más triste, es que estas se deterioran día a día, sin que se les preste un adecuado mantenimiento. Hagamos este ejercicio: ¿Hace cuánto no ve usted una avenida completamente nueva en su ciudad? Pues bien, su respuesta podría ser la misma en los 1.122 municipios de nuestro país, donde el atraso en infraestructura vial es el común denominador. La corrupción se apoderó de la contracción y se come los recurso públicos como un cáncer.

La muerte no anda en moto: Las cifras de muertes relacionadas con los accidentes de tránsito y de personas lesionadas son alarmantes, no lo podemos negar. Sin embargo, según datos de El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en 2015, por citar un ejemplo, se presentaron un total de 11.585 homicidios en el país, 6.884 muertes en accidentes de transporte, 2.675 muertes accidentales y 2.068 suicidios. Con lo cual está muy claro que “la muerte no anda en moto” siendo la violencia, con 11.585 homicidios, la que más vidas cobra en Colombia. Por otra parte, es en manos del Gobierno Nacional y del Ministerio de Transporte que está la entrega de licencias de conducción y todos sabemos muy bien que se otorgan sin que el prospecto tenga una adecuada capacitación en las técnicas de conducción, en muchos casos se compran, sin que la persona haya recibido una sola hora de instrucción. Colombia está llena de academias de garaje, que no cuentan con instructores certificados, ni mucho menos con una pista cerrada donde entrenar a los alumnos. Solo hasta este año se crearon, por lo menos en el papel, las nuevas reglas para acceder a una licencia de conducción y los Centros de Apoyo Logístico de Evaluación (CALE). Este debe ser el primer filtro para garantizar la idoneidad y unas habilidades acordes al vehículo que pretenden manejar de todos los conductores.

El humo asfixiante: Es verdad que la mala calidad del aire que respiramos en las ciudades modernas es un problema de salud pública tal como lo afirma la Organización Mundial De La Salud: “La contaminación en el planeta mata 7 millones de personas al año”.

Según datos del más reciente informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales -IDEAM-, ‘Informe del Estado de Calidad del Aire en Colombia 2011-2015’, publicado a finales del año pasado, las zonas con mayor concentración de contaminación atmosférica durante 2015 fueron: Bogotá, Ráquira – Boyacá, la zona minera del departamento del Cesar y el área metropolitana del Valle de Aburrá. Los contaminantes que se monitorean se enmarcan en dos grupos principales: material particulado (PST, PM10 y PM2.5); y los gases que comprenden: O3, NO2, CO y SO2. Según información de Minambiente, este material es producido principalmente por los vehículos pesados que utilizan diesel como combustible y en las zonas cuya densidad de población es alta y donde se desarrollan actividades asociadas principalmente con la minería. Recordemos que el ACPM o DIESEL por su composición química, es más pesado, denso y menos refinado que la gasolina y contiene más partículas de Carbono.

“La contaminación mata 7 millones de personas al año”: Organización Mundial De La Salud, lo cual es una cifra mayor a la de fallecidos en accidentes de tránsito, unas 10 veces más. “Por lo tanto necesitamos que Ecopetrol, suministre gasolina y diesel más limpio, actualmente los combustibles en nuestro país superan en más de 5 veces los niveles permitidos de azufre en Estados Unidos y Europa, la norma establece un máximo de 10 partes por millón (PPM). Nuestra gasolina cuenta actualmente con 300 PPM y el diesel con 50 PPM”. Expresó William Parra, neumólogo pediatra y profesor de la Universidad de Antioquia a un entrevista en Caracol Radio.

Permítame recordarles que a diferencia de los vehículos de transporte (carga y pasajeros), el parque de motocicletas es mucho más reciente y moderno (menos de 10 años de uso, como ustedes mismos lo referencian en el texto), en las gran mayoría son motores de 4 tiempos, a gasolina, entre los 100 y 180 centímetros cúbicos, con una alta eficiencia en el consumo de combustible; en contraste con los viejos camiones diesel de 5.000, 10.000 o más centímetros cúbicos a diesel que recorren las carreteras del país.

Por otra parte, son una vez más el Gobierno Nacional y el Ministerio de Transporte, quienes tienen en sus manos la reglamentación de las normas: “El artículo 1 de la Ley 769 de 2002, modificado por el artículo 1 de la Ley 1383 de 2010, señaló que le corresponde al Ministerio de Transporte como autoridad suprema de tránsito definir, orientar, vigilar e inspeccionar la ejecución de la política nacional en materia de tránsito.” Otros factores que igualmente influyen en la calidad del aire y se deben tener en cuenta son: la tecnología vehicular (modernización de los motores), aspectos relacionados con la movilidad (tiempos de desplazamiento), hábitos de conducción y un adecuado mantenimiento del parque automotor, así como las fuentes fijas de consumo de combustibles como la industria.

¿Entonces por qué no se expide una normativa más estricta y exigente sobre emisiones de los motores a combustión? Bien podríamos estar a la par de las reglamentaciones Euro 6, en Colombia estamos muy atrasados y no es por culpa de las motocicletas. Nuevamente en este punto queda evidenciada la parcialidad de su artículo, el cual se va quedando paso a paso sin sustento.

Jaque al transporte público: Este parece ser el verdadero interés del artículo publicado por la revista Semana, el cual busca hacer que los propietarios de motocicletas y sus familias se hacinen, como sardinas en una lata, en los caóticos y congestionados buses de servicio público, que ya sabemos pertenecen a empresas privadas. Es nuevamente el Gobierno: Nacional, Departamental y Municipal, de la mano del Ministerio de Transporte, quienes deben asumir la responsabilidad de ofrecer un servicio de transporte público a los colombianos. La mejor forma de desincentivar el uso del transporte particular (carros y motocicletas), es ofrecer un transporte masivo digno, puntual y eficiente, acorde al volumen de usuarios de cada ciudad, no restringiendo el uso de la propiedad privada. Esta fórmula restrictiva produce el efecto completamente contrario, toda vez que las vías de las ciudades no crecen al mismo ritmo que lo hace la economía de consumo y por consiguiente, cada vez que se implementa una medida restrictiva tipo ‘pico y placa’ es evidente el incremento en las ventas de vehículos y la congestión no solo persiste, sino que en algunos casos se acentúa.

Dilema del parrillero: Primero que todo se denomina acompañante a la persona que ocupa el asiento posterior de una motocicleta. En segundo lugar no todos quienes nos movilizamos en motocicleta, ni nuestras familias encajan en su descripción de delincuentes y fleteros, esto es una falta de respeto. Haciendo un símil, bien podríamos decir que toda persona que usa un traje de paño, camisa blanca y corbata es un corrupto, lo cual está lejos de la realidad. Los bandidos existen en todos los ámbitos, claro que sí, pero siempre serán solo un puñado, una minoría. Es responsabilidad de las autoridades garantizar la seguridad de la ciudadanía. Aquí brillan por su ausencia e ineficiencia, las políticas de seguridad del Gobierno y la falta de firmeza en la legislación Colombiana que permite a los delincuentes regresar impunes a las calles, cuando son capturados.

Problemática social: Ustedes bien lo han dicho en el artículo: “93% de los viajes en moto en Bogotá, los realizan personas de estratos 1, 2 y 3”, esta es una realidad que los gobernantes deben afrontar, al igual que al día de hoy las motos representan más del 60% del parque automotor de nuestro país, el 40% restante se encuentra distribuido entre vehículos particulares, aproximadamente el 20% y vehículos de transporte (carga y pasajeros), así como maquinaria amarilla y demás vehículos especiales. Por lo tanto, el país se motorizó y cogió a los dirigentes ‘fuera de base’, nunca vieron más allá de sus propias narices y bolsillos y los atropelló el futuro.

Así que en las medidas restrictivas contra la clase trabajadora, como lo son la gran mayoría de usuarios de motocicleta, no están las soluciones a la falta de visión y gestión de nuestros gobernantes. Las soluciones están en obras de infraestructura que permitan una movilidad fluida (avenidas con menos semáforos, pero sí con intersecciones elevadas o deprimidas, puentes peatonales, etc), en sistemas de trasporte público masivo eficiente, no privado como en la actualidad; con vehículos de última generación como trenes y buses híbridos o eléctritos y una adecuada política de educación vial que nos permita a todos los actores viales (peatones, ciclistas, motociclistas y conductores de todo tipo de vehículos), convivir en armonía respetando y acatando las normas de tránsito. Y una autoridad firme que las haga cumplir. Como en cualquier país del primer mundo.

Así las cosas, respetuosamente y haciendo uso de nuestro derecho a la réplica, les solicitamos que este escrito sea publicado en su medio de comunicación en las mismas condiciones que fue publicado el artículo al cual hacemos referencia.